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martes, 22 de julio de 2014

NO PAGUES LA OFENSA CON LA MISMA MONEDA...TE SALDRÁ CARO.

Era un ser sensible, demasiado diría yo,  quizá una  persona que  no supo superar un trauma que le marcó , y a raíz de eso se ocultó bajo una coraza impenetrable. Conforme iba creciendo, iba capeando el temporal y se aferró a un acto reflejo de supervivencia, de autodefensa… y se le cerró el corazón  en este mundo competitivo en el que lo que contaba era estar por encima  del bien y del mal siempre. Creía y sentía que vivía dentro de un mundo hostil en el que la máxima era “sálvese quien pueda”  y que además, era salir a la calle y se topaba de bruces con toda clase de “enemigos” que iban a por él, si no en el trabajo, en el trayecto, o si no aparecía aquel amigo  al que se le cruzaban los cables y arremetía contra él movido por los celos, la rabia, la ira o qué se yo.  Así que   cuando sentía  dentelladas en su alma  se defendía  con la misma rabia o más  que la recibida.
 Se volvió una persona desconfiada, siempre  a la defensiva, una persona fría, encerrada en un sinfín de capas y capas, como dije para no sentirse vulnerable.
Un día comenzó a intoxicarse, ya que su mente generó un efecto bumerang y cada vez que actuaba devolviendo cada ofensa se encontraba peor y peor tanto física como emocionalmente. Poco a poco, aunque le costó lo suyo, fue cambiando su punto de vista y su actitud movido por una fuerza interior que le decía:  - Ahora estás recibiendo una ofensa… , ¿y si en vez de devolver todo el daño que te están causando, respiras, sonríes , intentas mantenerte  tranquilo y sigues tu camino?... Así lo hizo, y al principio sentía mucha rabia y dolor preguntándose  por qué tenía que soportar todo aquello  tan injusto para él.  Echó muchas lágrimas pues no comprendía, pero tampoco quería caer en el papel de víctima y buscó  en sí mismo el motivo por el que vivía esas situaciones.
Llegó un momento en que todo aquello transmutó, se volvió  paz,  humildad  y tranquilidad. Se hizo la luz en él, el veneno del cuerpo del dolor sanado  abrió la puerta  de la comprensión  y vio, ya que  entendió  que todas las reacciones de defensa están cargadas de una gran insatisfacción personal, de gran dolor y trauma emocional que estalla a la mínima de cambio. Pero lo más grave es que suele  estallar hacia dentro de uno mismo. Y se vio en ese mismo espejo cuando él  reaccionaba del mismo modo con todo aquel que le ofendía. Si el enfado que tenemos o ese arrebato no se lleva a la conciencia  no tiene adónde  ir y se vuelve contra nosotros mismos o inconscientemente  se convierte en un ataque  inapropiado hacia los demás.
Ahora piensa; cuando alguien te lastime, trata de comprender qué emoción está sintiendo él y por qué situación puede estar pasando, porque muchas veces su dolor  es tan grande que no puede con él. Así que en lugar de devolverle el daño, trata de sentir amor, porque en verdad vive un calvario que  se disfraza dentro de su cuerpo del dolor de mil formas distintas.
Cuando tu ego esté tranquilo y en paz con todo entenderás esto y actuarás de este modo; sin devolver el daño, y verás cómo tarde o temprano se logra un milagro en ti y en la otra persona, porque tu actitud le sorprenderá de forma inesperada.

©Luhema

Cada vez que una persona te hace sentir mal, ten la certeza de que bien  puede haber una herida profunda y escondida  en su alma, o bien, esa herida sangrante esté en la tuya.
La próxima vez que te encuentres con esa misma persona cambia tu forma de verla, de sentirla, y que los pensamientos de amor llenen todo el espacio incluido el tuyo, sin ninguna obstrucción, sin condiciones, sin enemistad, quizá puedas descubrir donde se encuentra la herida que hay que sanar.
©LUHEMA

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