El aroma de los libros… Hoy, cuando entré en mi despacho, encontré que el ambiente olía a flores y almendras, como si allí hubiese estado toda la noche una persona que perfumada de vainilla y mil flores dejó su rastro. Pero también se dibujó en mi mente la fascinación envolvente de la lectura, y es que, no sé si sabíais que los libros despiden un aroma particular. Seguro que si eres amante de ellos te gusta el olor a imprenta que desprenden cuando recién los hojeas. No obstante, son los libros con solera, los más antiguos, los que liberan moléculas aromáticas como el benzaldehído que su esencia se asemeja a las almendras y la vainillina que huele a vainilla. El etilbenceno y el touleno, que le dan un toque dulce, o el 2-etil hexanol de aroma ligeramente floral. Si las páginas de un libro son de algodón o de lino, el aroma surge del furfural que también huele a almendras dulces. Es a habitual ver en librerías antiguas libros cuyas hojas están amarillentas, esto es debido al paso d...
Últimamente me ocurre algo difícil de explicar. Después de algunas conversaciones, incluso breves, queda en mí una especie de poso, un sabor tenue pero persistente, ligeramente amargo. No aparece durante el intercambio, sino después, cuando todo ha terminado y ya no hay palabras de por medio. Es una sensación sutil, casi física, como si algo se hubiera desajustado por dentro. No tiene tanto que ver con lo que se dice de forma explícita, sino con lo que se percibe por debajo: silencios, gestos, tensiones que no siempre se nombran. A veces son encuentros aparentemente normales, sin conflicto, pero que dejan una huella difícil de ignorar. Algo en mí lo registra y, más tarde, aparece como incomodidad. No sé si es una sensibilidad más afinada, una forma distinta de percibir lo que ocurre entre las personas, o simplemente un cansancio que se va acumulando con ciertos modos de relación. Pero lo reconozco cuando aparece. Y me pregunto si a otros les ocurre algo parecido. B. Beneito