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¿QUÉ TIENE EL AROMA DE LOS LIBROS?

  El aroma de los libros… Hoy, cuando entré en mi despacho, encontré que el ambiente olía a flores y almendras, como si allí hubiese estado toda la noche una persona que perfumada de vainilla y mil flores dejó su rastro. Pero también se dibujó en mi mente la fascinación envolvente de la lectura, y es que, no sé si sabíais que los libros despiden un aroma particular. Seguro que si eres amante de ellos te gusta el olor a imprenta que desprenden cuando recién los hojeas. No obstante, son los libros con solera, los más antiguos, los que liberan moléculas aromáticas como el benzaldehído que su esencia se asemeja a las almendras y la vainillina que huele a vainilla. El etilbenceno y el touleno, que le dan un toque dulce, o el 2-etil hexanol de aroma ligeramente floral. Si las páginas de un libro son de algodón o de lino, el aroma surge del furfural que también huele a almendras dulces. Es a habitual ver en librerías antiguas libros cuyas hojas están amarillentas, esto es debido al paso d...
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CUANDO LA CONVERSACIÓN TERMINA

Últimamente me ocurre algo difícil de explicar. Después de algunas conversaciones, incluso breves, queda en mí una especie de poso, un sabor tenue pero persistente, ligeramente amargo. No aparece durante el intercambio, sino después, cuando todo ha terminado y ya no hay palabras de por medio. Es una sensación sutil, casi física, como si algo se hubiera desajustado por dentro. No tiene tanto que ver con lo que se dice de forma explícita, sino con lo que se percibe por debajo: silencios, gestos, tensiones que no siempre se nombran. A veces son encuentros aparentemente normales, sin conflicto, pero que dejan una huella difícil de ignorar. Algo en mí lo registra y, más tarde, aparece como incomodidad. No sé si es una sensibilidad más afinada, una forma distinta de percibir lo que ocurre entre las personas, o simplemente un cansancio que se va acumulando con ciertos modos de relación. Pero lo reconozco cuando aparece. Y me pregunto si a otros les ocurre algo parecido.  B. Beneito

¿Y SI LAS PERSONAS PUDIERAN LEERSE COMO SE LEEN LOS LIBROS?

Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Begoña Beneito Luhema/ Escritora (@begonaluhema) Hoy he entrado en la biblioteca y, sin saber muy bien por qué, me ha venido una idea extraña: ¿y si las personas pudieran leerse como se leen los libros? He pensado que quizá en el prólogo ya estaría todo, esa parte que casi nadie mira con atención y donde, sin embargo, se esconden las claves. Las primeras heridas, los silencios aprendidos, lo que uno promete no repetir. Pero luego he dudado… porque hay cosas que no se escriben. Cosas que solo aparecen cuando levantas la vista y te encuentras con unos ojos que no saben mentir del todo. Y ahí, sin palabras, se revela algo más cercano a la verdad. Me gusta leer , pero me atraen más las personas y sus historias... todavia no escritas. El prólogo no lo es todo. La mirada ... ¡ah, la mirada! B.Beneito.

APRENDER DE LA ADVERSIDAD

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¿QUÉ ENCUENTRAN LOS LECTORES EN MIS LIBROS QUE NO ESPERABAN?

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CUANDO MI BLOQUEO CREATIVO DECIDE HABLAR...

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TUS PENSAMIENTOS NO SON SOLO TUYOS.

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DEJAR QUE LAS MUSAS LLEGUEN...

Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Begoña Beneito Luhema/ Escritora (@begonaluhema) Dejar que las musas lleguen...y trabajar para que se queden. Escribir incluso cuando cuesta. Creer en la historia, aunque nadie más la vea todavía. Página a página sin rendirse... B. BENEITO.

QUIEN ESCRIBE CONSTRUYE PUENTES INVISIBLES ENTRE DESCONOCIDOS

Escribo cuando el mundo se me vuelve demasiado estrecho y necesito abrir una ventana que no se vea, una rendija por donde escape lo que pienso y lo que siento sin pedir permiso. Durante años creí que escribir era un acto solitario, una conversación íntima entre mi cuaderno y yo, una costumbre casi silenciosa que no trascendía las paredes de mi escritorio. Con el tiempo comprendí que cada palabra que dejo caer sobre el papel es un hilo tendido hacia alguien que todavía no conozco.   Cuando escribo, no imagino multitudes ni escenarios grandiosos. Imagino a una persona cualquiera, en otra ciudad, en otro país, tal vez en otro momento de su vida, leyendo mis frases en un instante preciso en el que necesita sentirse comprendida. Yo no sé su nombre, no conozco su historia, ignoro sus miedos. Aun así, algo nos une. Mis dudas pueden parecerse a las suyas, mis pérdidas pueden rozar sus heridas, mis esperanzas pueden iluminar sus propios anhelos. En ese cruce silencioso nace el puente....

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