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lunes, 4 de febrero de 2019

El hábito no hace al monje.


El hábito no hace al monje.

Mezquita del Sheik Zayed. Abu Dhabi. Una de las más grandes de Emiratos Árabes Unidos.Se utilizaron miles de piedras preciosas incrustadas en el marmol para la decoración, lapislázulis, amatistas, ónix rojo, aventurina, nacar...etc... 
En este patio podéis ver la belleza del suelo con el motivo floral. #Luhemaabudhabi

Quizá cuando veas estas fotos en las que me veis en «hiyab», puedas extrañarte, encendérsete la furia, e incluso puedas criticarme, porque nosotras, las mujeres occidentales, vemos este tipo de vestimentas como una represión contra lo femenino y ahí comenzaríamos con la polémica que tiene llevar el velo islámico. El asunto, sin embargo, no es tan claro, pues para muchas de ellas el velo no es tanto un signo religioso como una manifestación de modestia y recato.
Sé que aquí hay una gran batalla, pero son ellas, las mujeres islámicas las que tienen que comenzar su particular batalla si quieren comenzar a ganar en derechos e igualdades. Y que quede claro que yo no profeso esta religión.








Para que lo entiendas, el fundamento religioso; El Corán manda a los fieles a vestirse de una manera modesta y sencilla, siempre usando prendas de colores sobrios, oscuros y de acuerdo a las ocasiones para las que se lleve el atavío. Este cambia conforme a cada país en el medio oriente ya que cada uno tiene sus propios códigos en la vestimenta.
La Gran Mezquita del Sultán Qaboos
Y te preguntarás por qué he aceptado a vestirme de este modo. Pues no es que haya aceptado. Nadie te obliga si eres extranjero a vestir de ese modo, es que no queda otra siendo mujer, si quieres visitar las mezquitas del país arábigo. Y aunque no es la primera vez que me pongo el velo islámico, tenía que experimentar esa sensación y fundirme con la gente local para poder entender mejor.
Pero aparte de vestir o no de ese modo, con el hiyab, con shayla o el chador que es otro velo que cubre a la mujer desde la cabeza hasta los pies, pero deja al descubierto la cara y las manos y que generalmente suele ser de color negro y que contiene una larga túnica (abaya, en árabe) para esconder la forma del cuerpo y un velo para cubrir el pelo y cuello, tengo que hacer una reflexión al respecto sobre la crítica.
El ser humano está condicionado, y sobre todo a medida que va creciendo por la cultura de su país, la educación que recibe, las tradiciones en la que se encuentra, la religión que se profesa, y de manera inconsciente se va acotando la mente hasta el punto en el que solo cabe lo que en la mente racional adiestrada por los condicionantes es capaz de sostener, aceptando tan solo aquello que es como nosotros nos pensamos que debe ser. 
Hay muchas personas encerradas en esas jaulas de pensamiento y se sienten satisfechos de ello y con esto no estoy señalando a nadie, «ojo».

Nuestro mayor pecado es que creemos que porque tenemos libertad de expresión, de pensamiento, también de creencia religiosa, estamos en lo correcto, y sin embargo vivimos en un mundo que no nos satisface en el que hay desarmonía y corrupción y por si fuera poco nuestra decepción llega al punto de encendernos en la ira y criticamos ferozmente a aquel que piensa o es distinto a nosotros, porque en realidad tememos por nuestra pervivencia. Y aunque te parezca desproporcionada esta idea, tan preso está un occidental dentro de sus convicciones morales y sus miedos, como una mujer islámica si ella piensa que está obligada a acatar las normas de su religión de forma radical. 
Después, quienes creemos sentirnos libres de pensamiento y obra, queremos ser espirituales, queremos encontrarnos con maestros, queremos que alguien nos aliente. Y todos o la gran mayoría de personas estamos todavía atados a creencias, tradiciones y fórmulas que nos desvían de la verdad. La verdad que nos hará libres. Así que amigo, amiga, no me juzgues por llevar algo que es superficial a los ojos del alma.
Omán
©Luhema



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