El aroma de los libros… Hoy, cuando entré en mi despacho, encontré que el ambiente olía a flores y almendras, como si allí hubiese estado toda la noche una persona que perfumada de vainilla y mil flores dejó su rastro. Pero también se dibujó en mi mente la fascinación envolvente de la lectura, y es que, no sé si sabíais que los libros despiden un aroma particular. Seguro que si eres amante de ellos te gusta el olor a imprenta que desprenden cuando recién los hojeas. No obstante, son los libros con solera, los más antiguos, los que liberan moléculas aromáticas como el benzaldehído que su esencia se asemeja a las almendras y la vainillina que huele a vainilla. El etilbenceno y el touleno, que le dan un toque dulce, o el 2-etil hexanol de aroma ligeramente floral. Si las páginas de un libro son de algodón o de lino, el aroma surge del furfural que también huele a almendras dulces. Es a habitual ver en librerías antiguas libros cuyas hojas están amarillentas, esto es debido al paso d...
Egipto, el Espejo del Cielo.
“¿Acaso ignoras, oh Asclepio, que Egipto es la imagen del Cielo, el lugar a donde se transfieren y descienden todas las cosas gobernadas y producidas desde el Cielo?
Y para decirlo con toda verdad, nuestro país es el templo del mundo entero.”
(Asklepio, Corpus Hermeticum)
El antiguo Egipto es una proyección, un reflejo del orden del universo. El espacio se estructura creando una geografía sagrada en base a seis direcciones del espacio, cuatro horizontales (los cuatro puntos cardinales) y dos verticales: de la Tierra al Cielo y del Cielo a la Tierra. Esta verticalidad permite a los hombres elevarse al mundo divino y a los dioses manifestarse en el humano. Por ello, los egipcios planificaban sus edificios para llevar a cabo la obra de reflejar el Cielo en la tierra.
En los astros vieron la energía de sus dioses y orientaron sus templos y construcciones para que el flujo de las energías cósmicas circulara en ellos y los dotara de vida, convirtiéndolos en organismos vivos y auténticas moradas de la divinidad.
Y así, por ejemplo, el emplazamiento de las tres pirámides de Guiza (las más importantes de Egipto), coincide con la ubicación de las tres estrellas centrales del cinturón de la constelación de Orión. Y el río Nilo, fluyendo de Sur a Norte, era por una parte la imagen terrestre del "rio celestial", la Vía Láctea; y, por otra parte, el eje de observación del recorrido del Sol, de Este a Oeste, el eje de Luz-Oscuridad. En la ribera oriental del Nilo, por donde sale el Sol renovado cada mañana, residen los vivos y sus ciudades sagradas, y en la occidental, donde se produce el ocaso del Sol, los muertos y sus tumbas monumentales.
El Antiguo Egipto es un manantial inagotable de Conocimiento y Sabiduría. Sus aspectos más trascendentales se recogen en la obra ¨Egipto, el Espejo del Cielo¨:

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