El aroma de los libros… Hoy, cuando entré en mi despacho, encontré que el ambiente olía a flores y almendras, como si allí hubiese estado toda la noche una persona que perfumada de vainilla y mil flores dejó su rastro. Pero también se dibujó en mi mente la fascinación envolvente de la lectura, y es que, no sé si sabíais que los libros despiden un aroma particular. Seguro que si eres amante de ellos te gusta el olor a imprenta que desprenden cuando recién los hojeas. No obstante, son los libros con solera, los más antiguos, los que liberan moléculas aromáticas como el benzaldehído que su esencia se asemeja a las almendras y la vainillina que huele a vainilla. El etilbenceno y el touleno, que le dan un toque dulce, o el 2-etil hexanol de aroma ligeramente floral. Si las páginas de un libro son de algodón o de lino, el aroma surge del furfural que también huele a almendras dulces. Es a habitual ver en librerías antiguas libros cuyas hojas están amarillentas, esto es debido al paso d...
¡Cuántas personas pretenden cambiar el mundo sin cambiar, sin
cambiarse a sí mismas!
¡Cuántas personas quieren curar al mundo sin sanarse a sí
mismas!
¡Cuántas personas pretenden educar sin antes educarse!
¡Cuántas personas ven los defectos en los demás sin ver los
suyos!
¡Cuántas personas ven
las soluciones para los demás y no pueden arreglar sus problemas!
No puedes pretender cambiar el mundo sin antes cambiarte a
ti mismo, pero quizá cuando te conozcas ya no sea tan
importante cambiar el mundo sino otras cosas más pequeñas, más próximas...
Recuerda que únicamente cuando te transformas, transformas
porque has llegado a conocerte, porque tu maestro interior se encuentra dentro
de ti y se cura a través de ti.
Recuerda que todo es mucho más sencillo cuando nos des-cubrimos.
©Luhema

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